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16/11/12

 
 
 
 
 
"Una simple línea pintada con el pincel, puede llevar a la libertad y a la felicidad".

(A. Miró)

Un eslogan de los años setenta definía Arucas como “La ciudad de las flores”. Otro lo hacía bajo el lema “Arucas, piedra y flor”, en referencia a algunos aspectos destacados de este núcleo del norte de Gran Canaria, como su singular patrimonio arquitectónico, íntimamente vinculado a la cantería local, el verdor del “mar” de plataneras que entonces rodeaba la ciudad, en particular su fértil vega, y la frondosa impronta que aún hoy confiere a su casco histórico uno de los jardines más notorios del archipiélago: el Parque Municipal o Parque de Gourié.

Este espacio ajardinado, cuyo origen se remonta a la época del Mayorazgo de Arucas, constituye en la actualidad un auténtico pulmón verde, el cual, con el telón de fondo del océano Atlántico y la montaña que lleva el nombre de la localidad, atrae los pasos de visitantes y residentes que buscan el frescor de este bello rincón de la ciudad. Junto a su riqueza floral, en él destacan elementos de singular interés arquitectónico y etnográfico, como la antigua casa y jardín de Gourié, los muros de cantería, la red hidráulica, con sus cantoneras y fuentes, etc. En realidad se trata de uno de los lugares más entrañables del centro histórico de Arucas, en donde se entremezclan las funciones de recreo, culturales, paisajísticas, ambientales y de conservación, ya que reúne un importante número de especies botánicas autóctonas y exóticas de gran valor ornamental.
Juan Martín


 


 

 
 
Dulce Gónzalez


 
Marie Carmen Pascual
 
 


 

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