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20/4/13

Parque municipal de Arucas

Pilar Gónzalez Moreno


Un eslogan de los años setenta definía Arucas como “La ciudad de las flores”. Otro lo hacía bajo el lema “Arucas, piedra y flor”, en referencia a algunos aspectos destacados de este núcleo del norte de Gran Canaria, como su singular patrimonio arquitectónico, íntimamente vinculado a la cantería local, el verdor del “mar” de plataneras que entonces rodeaba la ciudad, en particular su fértil vega, y la frondosa impronta que aún hoy confiere a su casco histórico uno de los jardines más notorios del archipiélago: el Parque Municipal o Parque de Gourié.

Este espacio ajardinado, cuyo origen se remonta a la época del Mayorazgo de Arucas, constituye en la actualidad un auténtico pulmón verde, el cual, con el telón de fondo del océano Atlántico y la montaña que lleva el nombre de la localidad, atrae los pasos de visitantes y residentes que buscan el frescor de este bello rincón de la ciudad. Junto a su riqueza floral, en él destacan elementos de singular interés arquitectónico y etnográfico, como la antigua casa y jardín de Gourié, los muros de cantería, la red hidráulica, con sus cantoneras y fuentes, etc. En realidad se trata de uno de los lugares más entrañables del centro histórico de Arucas, en donde se entremezclan las funciones de recreo, culturales, paisajísticas, ambientales y de conservación, ya que reúne un importante número de especies botánicas autóctonas y exóticas de gran valor ornamental.




 


El patrimonio botánico y etnográfico

Con sus aproximadamente 10.000 metros cuadrados, el Parque Municipal de Arucas constituye un auténtico jardín botánico que reúne unas doscientas plantas ornamentales de todo el mundo, incluyendo además varias especies de la flora autóctona canaria. En él se combinan dos estilos de jardinería: el inglés, caracterizado por las zonas arboladas, y el versallesco, con sus estanques y parterres que dibujan diversas formas geométricas. Asimismo, alberga un interesante patrimonio etnográfico constituido por la mansión de Gourié, la portada principal de acceso a la misma, los muros de cierre de los jardines y la red hidráulica que atraviesa todo el recinto, destacando la Cantonera Real o del Reparto, la Acequia de San Juan y la Fuente del Pilar. 


Mari Carmen Gíl
Lola Baeza

Dulce GónzalezCalero
 


 
Marie Carmen Pascual





 

A nivel botánico destacan diversos árboles ornamentales procedentes de varios continentes: alcanforero (Cinnamomun camphora), araucarias (Araucaria bidwillii, A. heterophylla), árbol candil (Aleurites moluccana), árbol coral (Erythrina caffra), árbol del jabón (Sapindus saponaria), árbol fucsia (Schotia latifolia, S. brachypetala), jacaranda (Jacaranda ovalifolia), kauri (Aghatis australis), palo borracho (Chorisia speciosa), magnolia (Magnolia grandiflora), pitosporo (Pittosporum tobira), piña guayaba (Feijoa sellowiana), roble blanco (Tabebuia pentaphylla), tipuana (Tipuana tipu), así como varias palmeras (Washingtonia robusta, Roystonea regia, Arecastrum romanzoffianum, Archontophoenix cunninghamiana). Asimismo sobresalen numerosos arbustos y plantas: capa de la reina (Ligularia tussilaginea), hortensia (Hydrangea hortensia), agapanto (Agapanthus africanus), dombeya (Dombeya wallichii), flor de gofio (Cassia didymobotrya), esqueleto (Monstera deliciosa), clivia (Clivia nobilis), glicinia (Wisteria sinensis), formio (Phormium tenax), bambú (Bambusa vulgaris), etc. Entre las especies autóctonas encontramos dragos (Dracaena draco), palmera canaria (Phoenix canariensis), pino canario (Pinus canariensis), retama blanca (Retama monosperma), bencomia (Bencomia caudata), til, barbusano y muchas otras.



 
 

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