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18/5/15

IDENTIFICACIÓN HUMANA Y FORMA ABSTRACTA

 
  
Los árboles y los bosques, probablemente por su gran tamaño y a veces por su longevidad, excitaron vivamente la imaginación de las sociedades anteriores a la invención de la escritura. Tenían vida como los seres humanos y los animales, pero no se movían de un lugar a otro; como las montañas y las piedras parecían inmóviles, pero al mismo tiempo podían cambiar y balancearse. Los bosques tupidos hubieron de parecer misteriosos. Incluso los árboles solitarios, especialmente en un lugar yermo, pueden haber parecido milagrosos si ofrecían alimento a un vagabundo hambriento.

Mc Pascual

La identificación de los árboles con el cuerpo humano se ve también en el yoga, el sistema hindú de meditación. En la postura del árbol, por ejemplo, se hace descender el peso del cuerpo para desarrollar un sentimiento de ser atraído hacia la tierra, mientras que los brazos se extienden como ramas. El propósito de esta postura es infundir un sentimiento de arraigo y de crecimiento hacia arriba.

Mc PascuaL

 
Los primeros humanos vieron y tocaron los árboles; los utilizaron para alimentarse, calentarse, abrigarse, vestirse, hacer vallados y barreras, lanzas y arpones; y los quemaron, cortaron o transformaron en numerosos objetos. Sus sombras daban cobijo, camuflaje y escondrijo a personas a uno u otro lado de la ley.

IDENTIFICACIÓN HUMANA Y FORMA ABSTRACTA
Por su forma –un tronco central con ramas como brazos y dedos, la corteza como piel– los árboles se prestan a su identificación con la forma humana, y muchas veces se les ha dotado simbólicamente de características antropomórficas, que llevan a vincularlos con símbolos de fertilidad en algunas culturas.


Con el tiempo, los bosques y determinadas especies de árboles han llegado a representar conceptos diversos en las imaginaciones de poblaciones que viven en distintos lugares geográficos. La abundancia o la escasez de árboles en una localidad determinada influyó en su imagen y en el papel que se les atribuyó en leyendas, mitologías y culturas.

Los bosques caducifolios y sus ciclos estacionales de hojas caídas y verdes, o el crecimiento de nuevos brotes en la base o el tocón de árboles quemados o cortados, pueden haber inducido a la gente a ver en los árboles símbolos de una fuerza vital eterna e indestructible.

Aurora Jiménez

María Teresa Díaz





Árboles y bosques asumieron así características de símbolos divinos, o representaron fuerzas superlativas como valor, resistencia o inmortalidad. Fueron los medios de comunicación entre dos mundos. Algunas sociedades hicieron de ellos tótemes mágicos. Algunas veces se consideró sagrado un árbol particular por su asociación con un santo o un profeta


 
José Luis Araña


 
 

 Pilar González



           José Monzón
      
 
EL ÁRBOL DE LA VIDA (O ÁRBOL DEL MUNDO)

El árbol de la vida es un motivo extendido en muchos mitos y cuentos populares por todo el mundo, mediante el cual las culturas trataban de comprender la condición humana y profana en relación con el reino de lo divino y sagrado. Muchas leyendas hablan de un árbol de la vida, que crece sobre el terreno y da vida a dioses o seres humanos, o de un árbol del mundo, a menudo vinculado a un «centro» de la tierra. Es probablemente el mito humano más antiguo, y tal vez un mito universal.
                     José Monzón 



CONCLUSIÓN
Aunque la veneración de ciertos árboles o bosques puede persistir en las tradiciones locales, el culto a los árboles ha desaparecido en su mayor parte en el mundo moderno. Sin embargo, los símbolos que quedan en el lenguaje, el folclore y la cultura nos recuerdan la rica relación entre el pensamiento humano y el mundo forestal. El interés moderno por conservar los bosques es quizás una extensión natural de la lógica de antiguos ritos arbóreos. El bosque sagrado de ayer es hoy una reserva de la biosfera, un patrimonio natural o una zona protegida. Ahondando en el reino de los símbolos podemos muchas veces explicarnos los vínculos entre los antiguos sistemas de valores y las prácticas modernas.

 

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